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lunes, 9 de junio de 2008

Que pena no tener pena.Visión de un estudiante.

No soy de los que escribe solo para polemizar, regularmente no lo hago. Creo que no es tiempo ya de discusiones solo para tranquilizar nuestras conciencias y de alguna manera decirnos a nosostros mismos que aún estamos vigente. No escribo justamente por aquello, sino porque veo en el análisis de Steve un simplismo que no puedo exactamente compartir. La muerte del General Bernales y sus acompañantes, sin duda que es lamentable a màs de tràgica . Nadie podría alegrarse de un hecho como este, pero a ver, ¿ como no vamos a dar una segunda lectura a todo lo que hemos visto por la TV desde el dia Viernes hasta hoy Domingo ?. Como estudiante de Derecho tengo claro que a la muerte de un General Director de Carabineros la Constitución Política de la República faculta al gobierno de turno para decretar duelo nacional. Eso es unate cosa, , pero otra distinta es la que ha hecho el gobierno de la pdta. Bachelet, quien ha colocado la red estatal de TVN al servicio de este hecho noticioso ininterrumpidamente desde el primer minuto en que se dio a conocer la tràgica noticia durante la transmisión deportiva de una partido de una selección chilena de fútbol en el exterior ; y desde entonces este canal de televisión ha completado más de 72 horas informando de ésta noticia, para cuyo efecto ha dispuesto todo su aparato de prensa y apóstando periodistas y noteros en cada sitio que le pareció atinente al hecho. Los canales de TV que le compiten en rating no se han quedado atràs y así la Prensa toda se ha confabulado para elevar a la categoría de hèroe a este General, victimizándolo e induciendo a Chile entero a compartir y asumir este sentimiento que ha buscado exitosamente sin duda producir el efecto que todos hemos visto en TV y que Steve interpreta como un signo de que en Chile algo ha cambiado. Creo que Carabineros de Chile desde la época del Grupo Móvil hasta las presentes Fuerzas Especiales no ha experimentado cambios que nos hagan creer que se han democratizado ni mucho menos que se han acercado a la civilidad o al pueblo en general. De manera que mal podriamos los que aún luchamos por las reivindicaciones populares llamarle " El General del Pueblo ", mote que nos està vendiendo la Televisión del Gobierno buscando que tal sentimiento se adentre en el sentir del pueblo chileno. Bástenos revisar el curriculum del General y nos daremos cuenta que representa a los Golpistas del 73 que prefirieron invalidar con sus hechos su juramento de honor y facilistamente se alinearon detràs de aquel General que el presidente Allende llamara " rastrero ". , porque este señor ingresa a la Escuela de Carabineros en 1970 y en el año 1972 ya era subteniente, de manera que el Golpe del 73 lo sorprende en sevicio activo en el oficialato , trabaja en Inteligencia en lo que era experto durante todo el período de la Dictadura y en Democracia los gobiernos de la Concertación lo condecoran nómbrandolo General Director. Durante los tres años que estuvo al mando de la Institución ha reprimido como pocas veces se vio antes a Los hermanos mapuches, a los trabajadores de la Salud, a los trabajadores de la Educación, a los estudiantes secundarios, a los portuarios,a los trabajadores del cobre, a los forestales, etc. apresando a centenares de compatriotas y aún más asesinando a compañeros que buscaban nada mas que reivindicar sus derechos. Podremos seguir el juego del show televisivo y aceptar que lo eleven a la categoría del " General del Pueblo " ?. Lo justo por lo justo, mi respuesta es NO. Que el tipo era un hombre carismático, lo era, que tenía un mejor manejo comunicacional, claro que sí. Demuestra lo anterior aquella patética fotografía que lo retrata abrazado con un hombre de aspecto sencillo y desdentado. Que el hombre se manejaba con los medios de Difusión queda claramente demostrado, pero tenemos por lo menos cinco dedos de frente para entender que aquello no es màs que el interés del gobierno de turno y algunos poderes fàcticos que aún operan en nuestro país de querer convencer a la cidadanía que en Chile ya nos hemos reconciliado, y que los `organos represivos del estado son muy deseados y amados por el pueblo.Tan cierto es esto que hasta yo me conmoví en la mañana de hoy cuando escuchaba los discursos y oía en particular el de su hijo que tocó algunos aspectos humanos del General. Está muy bien que lo haga. Es su hijo. Pero de ahí a que nos traguemos el cuento, definitivamente NO. Quien gana con ésta victimización que se ha hecho?. Creo tenerlo claro, pero eso es harina de otro costal. Da para otro analísis . Solo he querido hacer algunas precisones después de leer los comentarios de Steve que me queda la impresión que los escribió con algo de premura y sin leer lo que seguramente todos hemos observado en una lectura màs de fondo. Sergio de Concepción
Lo que opino Steve:
Tampoco voy a llorar la muerte de General Bernales. Sin embargo, es notable el duelo popular que se ha producido alrededor de su muerte. Si nosotros, quienes supuestamente apoyamos los derechos de los pobres y marginados, no somos capaces de darnos cuenta que algo ha cambiado en Chile, que para mucha gente de los sectores populares y capas medias bajas, el Carabinero no se ve más como el asesino de la dictadura, sino como un respaldo frente a la delincuencia, que el trabajador común y corriente teme al delicuente mucho más que teme al paco, vamos a terminar aún más marginados de lo que pasa en este pais que ya somos. Si todavia se puede hablar de un "nosotros", lo que dudo. Steve

domingo, 1 de junio de 2008

No todos los muertos son buenos. Por Tito Tricot.

General Bernales: No todos los muertos son buenos.
Estalló en una letanía de jirones ámbar, dicen, en cielo ajeno, lloran. Y llevan días lamentando la muerte de un policía ejemplar, dicen. Pero, a pesar de la pompa y circunstancia y de los rostros desencajados en medio del frío otoñal, la historia verdadera nos acribilla con las muertes del muerto general. Porque, en las alturas de Panamá, en ese brutal instante de fuego, se desató la mayor tormenta de estrellas fugaces que se recortaron cristalinas en la cordillera de Nahuelbuta tiñendo de añil la lluvia mapuche. Fue un estallido descomunal que estremeció la mirada de Alex Lemun y Matías Catrileo, jóvenes mapuche asesinados por los hombres del general Alejandro Bernales. Ellos no supieron de la mesura y humanidad que, dicen, caracterizaba al general; tampoco de la ingente generosidad que, dicen, prodigaba el general, pues la vida se les escabulló ineluctablemente enceguecidos por una lluvia de estrellas azules, pero tan brillantes que, a pesar de los esfuerzos de la clase política, opacarán para siempre la impecable, dicen, hoja de vida del general. Pero no son sólo los políticos, sino que también los medios de comunicación que, concertados en la apelación al dolor, han ungido como héroe a un general de carabineros que sembró el terror en territorio mapuche cuando fue jefe de la IX zona de Carabineros de la Araucania. Fue el responsable operativo de la política de criminalización del movimiento mapuche impulsado desde el gobierno de Ricardo Lagos y, como tal, el gestor de la militarizacion de las comunidades consideradas conflictivas. La resultante de dicha política fueron los allanamientos masivos, las golpizas a los comuneros, las detenciones arbitrarias, todo en connivencia con la fiscalía pública que formulaba cargos increíbles basados en la Ley anti-terrorista. El mapuche luchaba por sus derechos colectivos como pueblo, el gobierno ordenaba la represión y el general Bernales, obsecuentemente, reprimía a hombres, mujeres y niños por el simple hecho de ser indígenas. Como ha sido siempre. Entonces, cuesta entender que se diga sin vergüenza que “fue un Oficial de profundos valores humanistas y cristianos, que privilegió el trabajo en equipo, el profesionalismo, la integración con la comunidad y la preocupación por el bienestar de los carabineros y sus familias”. ¿Dónde estaban los valores humanistas entre los helicópteros, las tanquetas y los gases lacrimógenos que aterraban a las comunidades? ¿Dónde estaba la integración con la comunidad mientras en Temucuicui se realizaban violentos allanamientos en las madrugadas? ¿Dónde estaba el cristiano general cuando a Alex, de apenas 17 años, le clavaron para siempre al viento con un balazo en la nuca? ¿Dónde cuándo a Matías, de meros 23 años, lo crucificaron sin apelación alguna a la oscuridad, y cobardemente por la espalda? La respuesta es clara, aunque les duela a los dolientes de uniforme y de civil que lo quieren transformar en santo: estaba dando las órdenes para reprimir a un pueblo digno. El general del terror Hoy nos hablan de un oficial cercano a sus hombres, cercano al pueblo llegando, incluso, a calificarlo como el “general del pueblo”. Sin embargo, el utilizó el terror de manera sistemática en las comunidades, impuso el miedo y la incertidumbre, violó los derechos humanos de millares de mapuche. Eso, claro, parece que a pocos les importa, pues en el arrebol de la tragedia de Panamá, se cantan sus glorias, se hiperbolizan sus virtudes, se minimizan sus defectos y se esconden sus crímenes, porque la vida de un indígena vale menos que la vida de un carabinero. Y, sobre todo, porque persiste una subyacencia racista en la cultura dominante que obnubila los sentidos; pero también clasista, ya que este peculiar general del pueblo, no sólo se reprimió a los mapuche, sino que a todos los sectores sociales que osaron expresar su disconformidad con el gobierno. De su violencia supieron y sufrieron los estudiantes secundarios y universitarios, los trabajadores subcontratistas del cobre, los pescadores artesanales, los trabajadores forestales y de la salud, entre otros. No obstante, jamás hubo banderas a media asta ni se decretaron tres días de duelo nacional por el asesinato de Rodrigo Cisternas, obrero forestal acribillado por carabineros durante una huelga. Ni por Lemun ni por Catrileo. Nunca. Entonces nos asiste la sospecha de que detrás de la urgente iconización y canonización del general Bernales se esconde el más profundo racismo chileno. Además, por cierto, de la entronización de una política de la desmemoria que se acerca peligrosamente a la impunidad en un país donde, a pesar de lo que se nos quiere hacer creer, no todos los muertos son buenos. Tito Tricot Sociólogo Director Centro de Estudios Interculturales ILWEN Chile Mayo 2008